El artículo del miembro de SEGI Zigor Ruiz, titulado
Sobre la utilización política de la droga,
fue publicado en GARA el 11 de agosto de 2001.
drogas y drogodependencias: Zigor Ruiz * Miembro de
Segi
Sobre la
utilización política de la droga
Entendiendo que el fenómeno de la droga es bastante más complejo y amplio que la mera utilización política que los estados español y francés hacen sobre estas sustancias psicoactivas, desde Segi queremos hacer nuestra pequeña aportación al debate puesto en marcha, ahondando en la utilización que ambos estados hacen de la droga con fines políticos.
Las drogas están entre nosotros, mucho más accesibles económica como geográficamente que hace unos cuantos años. No vamos a ser nosotras y nosotros los que afirmemos que las drogas son buenas o son malas. Solamente decimos que tenemos que aprender a vivir con ellas, haciendo una utilidad lógica y racional de éstas. Es la propia juventud vasca y más concretamente el movimiento juvenil el que tiene que debatir y decidir sobre el lugar y el sentido que las drogas deben tener en los modelos de vida alternativos que queremos construir. Mientras esto se produce y el movimiento juvenil vasco va haciendo su propio debate sobre este fenómeno y va creando una serie de alternativas a todo lo que se nos ofrece, concretando diferentes aspectos en la apuesta por modelos de vida propios e independientes, desde Segi queremos aportar nuestro punto de vista sobre el papel que la droga juega en el contencioso que vivimos, y por ello y aunque pueda parecer parcial, queremos profundizar en y sobre la utilización política de la droga.
Sobre la utilización política de la droga
Todo aquel o aquella que afirme que en nuestro territorio se da un conflicto entre dos partes, la propia Euskal Herria por un lado y los dos estados por el otro, no puede negar que la droga ha jugado y sigue jugando un papel muy importante contra el independentismo, y por extensión contra toda Euskal Herria. Negar la utilización política de la droga es negar de raíz la naturaleza política del conflicto. Y quien no vea esto, padece de hipermetropía o por vicios personales y actitudes autojustificantes no quiere ver y palpar la realidad.
Partiendo de este principio, la izquierda abertzale se tiene que poner las pilas (nos las tenemos que poner todas y todos) y empezar a coger el tema como se debiera, dejando de lado vértigos, complejos, tabús, posturas autojustificantes...
El futuro de nuestro pueblo está en juego y no podemos permitir que la droga tome parte alguna en el tablero de juego que enfrenta a nuestro pueblo con los estados español y francés.
Vivimos en un conflicto político, y como históricamente así ha sucedido en múltiples ocasiones, hemos tenido oportunidad de ver que ambos estados han utilizado todos los medios a su alcance para acabar con Euskal Herria, cosa que sin ningún lugar a dudas seguirá haciendo en un futuro. La utilización político policial de la droga ha sido una constante en los últimos 20-25 años contra nuestro pueblo, y ante esto parece que miramos hacia otro lado. Contra Euskal Herria todo vale, y si los estados han estado dispuestos a asesinar, torturar, encarcelar, poner en marcha un proceso de limpieza étnica contra todo lo que huele a vasco... también estarán dispuestos a utilizar la droga con fines político policiales.
Muchos dirán que la droga está presente en todo el mundo (tanto legales como ilegales) y que en muchos de estos lugares no hay conflicto político ni enfrentamiento alguno. De acuerdo. Hay droga en Iruñea, en Sevilla, en Tolosa, en Suiza, en Japón... pero lo que no se puede negar es que añadido a la lógica capitalista de acumulación de máximo beneficio en el menor tiempo posible en todos los ámbitos de la vida económica, siendo la droga uno de ellos con la utilización del mercado legal y del mercado ilegal (siendo éste el que mayores beneficios aporta), existe una utilización política de la droga por parte de los estados contra toda lucha social o nacional, por pequeña que sea, en todo el mundo.
Sin remontarnos a tiempos en los que el alcohol era utilizado como elemento de asimilación, explotación y dominación de culturas indíge- nas, podemos poner encima de la mesa decenas de ejemplos en los que se ha dado una clara utilización política de la droga: introducción abusiva de crack y heroína en EEUU en zonas donde residían jóvenes de color con el objetivo de acabar con el movimiento de los Panteras Negras, la salvaje introducción de droga en Irlanda en tiempo de tregua, lo sucedido en Euskal Herria mismo con la heroína... hay que estar ciego o alienado para no ver esta realidad.
En un pueblo tan militarizado como Euskal Herria (con la mayor densidad policial por habitante de todo Europa) es harto difícil que existan redes alternativas de narcotráfico. A los sumo «limpian» alguna red alternativa del mercado de vez en cuando y ello con el objetivo de implantar su monopolio. No faltan ejemplos sobre ello, y no merece la pena entrar a hablar sobre Intxaurrondo, el informe Navajas, el hecho de que decenas de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado estén implicadas hasta el cuello, implicación directa de cargos públicos del PP y del PSOE en Euskal Herria... así hasta llegar al caso de los propietarios del Batzoki de Urduliz. Misteriosamente desaparecen 225 kilos de hachís de la aduana de Imarcoain... nadie lo entiende, nadie se lo explica.
Pero hoy día no son generalmente las Fuerzas de Seguridad del Estado las que directamente ejercen el papel de narcotraficante, sino que para ello se montan unas altamente profesionalizadas redes de narcotráfico. Y dentro de estas redes de narcotráfico están los trapitxeros, jugando un papel decisivo en la distribución de droga. Y con esto han conseguido poner en marcha unas importantes redes de información y ahondar más si cabe en el control social sobre la juventud dentro de la estrategia represiva. Han conseguido que sea la propia juventud, mediante el trapitxeo, la que distribuía buena parte de la droga. Han conseguido que sean cientos de jóvenes los que con la excusa de «dinero fácil» se involucren en la lucha contra Euskal Herria.
Claramente, las Fuerzas de Seguridad de los estados utilizan el trapitxeo para la colaboración policial. No podemos olvidar todos y cada uno de los chantajes policiales habidos contra jóvenes, así como todos los «ofrecimientos» para colaborar policialmente contra la juventud.
Desde Segi queremos que esto sea un primer toque de atención a toda la juventud que está inmersa dentro de la estrategia represiva puesta en marcha desde Madrid y París. O con unos o con otros, no se puede bailar con dos a la vez.
No son pocas las consecuencias que esta estrategia diseñada y puesta en marcha por los estados respecto a las drogas están causando a nuestro pueblo. Están consiguiendo que sean muchos los jóvenes que en vez de sumarse al proyecto revolucionario se evadan y se desmovilicen debido a la dependencia que causan estas sustancias. Es el mismo proceso de liberación el que se está viendo condicionado por las drogas y la utilización que de ellas hacen los estados. Más allá de las consecuencias físicas y psíquicas que determinadas sustancias tienen sobre cada persona, es el proyecto colectivo el que se resiente de todo esto.
Motivos para la preocupación no nos faltan. Estudios recientes sobre consumo hablan de que por ejemplo el consumo de cocaína se ha duplicado entre la juventud, y también podríamos reseñar el alto consumo de alcohol que se da entre la juventud. Si bien éstos son datos preocupantes, no se pueden analizar independientemente de otras variables como hacen algunos. Estos niveles de consumo responden a diferentes y múltiples factores que hacen que el consumo de diferentes sustancias esté donde está. No vamos a entrar ahora en la explicación de las razones de este consumo, solamente queremos mencionar que la estrategia puesta en marcha por los estados pasa por una juventud dependiente, desmovilizada y vulnerable, cosa que el consumo abusivo produce con facilidad.
Y el análisis no puede partir del punto de vista y la realidad de cada cual. Somos parte de un pueblo, de un colectivo, y la realidad de todos y cada uno de nosotros va unida sin ningun tipo de duda a la situación colectiva y del pueblo. Este punto hay que tenerlo claro al hablar sobre drogas. *